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jueves, 16 de marzo de 2017

PUNCH DRUNK LOVE




Embriagados de amor




Se recomienda leer escuchando
He needs me del gran Jon Brion

https://youtu.be/oBVcuinfZ4c?list=PL061057E027F5B8D5










"Tengo un amor en mi vida,
y eso me hace más fuerte que cualquier cosa que puedas imaginar."






Hay amores que te destruyen y otros que te salvan. Yo he estado en ambos lados.

Cuando terminamos con U o más bien cuando U terminó conmigo, pensé estar en un punto de no retorno. Exageradamente creí que me penaba el fantasma de mi abuela que había perdido los cávales tras la muerte de su esposo, en otras palabras, me percibía a metros de la locura. Veía como todo se escapaba de mis manos y tenía la necesidad imperiosa de buscar experiencias “extremas” para sentir aquello que había dejado de sentir. De esta manera, mis comportamientos se tornaron cada vez más grandilocuentes y erráticos. Me habitué a interpretar una especie de personaje con la intención de ocultar el vacío bajo mis faldas. Fui una bomba, fui pistola, fui balada e incluso un mal reggaetón, sin embargo, antes de que se me acabara el tiempo tropecé con un armonio que vendría a calmar mis días. Ese sería M.

A M lo conocí por accidente. Él iba en auto junto a un amigo en busca de entradas para Radiohead, pero víctimas de la emoción se encontraron de frente con un taxi, en ese vehículo iba yo. Nada grave pasó producto del choque, pero sí hubo algo extraordinario, algo que hizo que con M comenzáramos a frecuentarnos.

Cierto día, en uno de nuestros encuentros M me entregó una película, ella era Punch drunk love, dirigida por mi amado Paul Thomas Anderson.  El film lo había visto años atrás, pero esta vez, en manos de M, la película compartiría conmigo un nuevo sentido.

Punch drunk love, se centra en la vida de Barry (Adam Sandler), un joven neurótico y solitario, criado alrededor de un séquito de siete hermanas que suelen abrumarlo y acosarlo al punto de sufrir inusuales ataques de ira. Barry reconoce avergonzado que en él hay cierto peligro, por lo que debería ser examinado por un médico. Sin embargo, su cura llegaría desde otro lugar, a través de la enigmática Lena (Emily Watson), amiga de una de sus hermanas, quien atraída por una foto de él decide acercársele forzando un encuentro. Dejarse llevar por esa experiencia no sería tan fácil para Barry, puesto que días antes había llamado a una línea erótica que luego lo extorsionaría poniendo en riesgo la relación, mas, al lado de Lena él es más fuerte que cualquiera.

La película es una inusual comedia romántica que viene a recordarnos las bondades curativas del amor, premisa que había entendido la primera vez que la vi. Sin embargo, ahora junto a M, el sentido no pasaba sólo por ingresar a ese estado de comprensión, sino por sentir la embriaguez que propone el director, por dejarse arrastrar por la atmósfera creada por la música de Jon Brion, por deslizarse por los colores de la fotografía, por entender que la cordura del amor comienza con la aceptación de la locura; por maravillarse por un armonio, para dejarse caer sobre el otro sin temor que te arranquen las mejillas, para entregarse al embelesamiento.

De esta manera, al acabar la película, sumergida por un impulso rosa parpadeante, tomé la mano de M y lo besé largamente mientras los créditos seguían pasando, siempre con la complicidad de la música de Brion en el ambiente.

Con el tiempo entendí que M no me vendría a salvar de la locura que por un momento creí eminente, sino que me hizo entender que no hay que temer mientras exista alguien que te acompañe en ella.





FICHA TÉCNICA


Dirección y guión: Paul Thomas Anderson.
País: USA.
Año: 2002.
Duración: 90 min.
Interpretación: Adam Sandler (Barry Egan), Emily Watson (Lena Leonard), Philip Seymour Hoffman (Dean Trumbell), Luis Guzmán (Lance), Mary Lynn Rajskub (Elizabeth), Ashley Clark (Latisha), Julie Hermelin (Kathleen), James Smooth (Jim Smooth), Lisa Spector (Susan), David Stevens (david), Nathan Stevens (Nate).
Producción: Paul Thomas Anderson, Daniel Lupi y Joanne Sellar.
Música: Jon Brion.
Fotografía: Robert Elswit.
Montaje: Leslie Jones y Dylan Tichenor.
Diseño de producción: William Arnold.
Dirección artística: Sue Chan.
Vestuario: Mark Bridges.
Estreno en USA: 18 Octubre 2002.



martes, 14 de febrero de 2017

ETERNO RESPLANDOR DE UNA MENTE SIN RECUERDO









 Se recomienda escuchar a Jon Brion mientras se lee.


“Bendito sea el que olvida, porque a él pertenece el paraíso.”
Nietzsche 



Apoyada en mi cama, la misma que la noche anterior sirvió de sillón para los invitados de la que sería una de mis grandes borracheras, siendo un 14 de febrero, enciendo la televisión y me dispongo a ver Eterno resplandor de una mente sin recuerdo. Recién había terminado un pololeo de tres años, y mi idea era acostarme, cual mujer despechada, a ver una película que me ayudara a purgar la pena que no había llorado. Mis amigos antes de que todo pasara, me habían recomendado la obra de Charlie Kaufman y Michele Gondry, e ilusamente tomé la sugerencia el peor día del año.

La película comienza  un 14 de febrero del 2004. “Una celebración inventada por los fabricantes de las tarjetas de felicitaciones, para que la gente se sienta hecha polvo”, exclama Joel, el personaje principal. Frase a la que asentí rabiosamente, sin saber que después de terminar el film, esa ira se transformaría en un sollozo desgarrador, acompañado de la frase: ¡Mátenme!

La historia  aparenta ser el relato común de dos personas que se conocen arbitrariamente para enamorarse. Sin embargo, al transcurrir los minutos la trama se complejiza. La pareja que se encuentra por casualidad, en realidad había  mantenido una relación por dos años aproximadamente, pero lo habían olvidado todo. Tras la ruptura Clementine, el personaje femenino, decide acudir a Lacuna Inc. - clínica que se especializa en borrar recuerdos - con el propósito de eliminar a Joel de su mente. Éste tras enterarse de lo acontecido decide hacer lo mismo, sin embargo, en medio del procedimiento se resiste al reconocer que así eliminaría también los más hermosos recuerdos de su pasado. Pues Clementine, la insoportable Clementine, también fue la adorable con quien pasó más de un momento de extrema felicidad. En este punto, la obra comienza a indagar con gran maestría estética en los espacios mentales del personaje. Gondry piensa en colores, Kaufman escribe en imágenes y ambos construyen a través de cada cuadro aquellos detalles  que por ordinarios son memorables. A todo esto se le suma la sensible música de Jon Brion, quien termina por configurar la inquietante atmósfera que propone el director.

  El atractivo de la cotidianidad presentada por Gondry fue como una patada en el pecho. La noche anterior había brindado por dejar atrás una rutina que me parecía horrorosa,  había escupido sobre ella o vomitado para ser honesta, sin embargo, no pude seguir pensando lo mismo. Parte de la maestría del director pasa por hacernos creer que esos espacios íntimos nos son propios, por ello confieso que en un principio odié a Joel y sus recuerdos. Odié su letargo, odié "sentirme un concepto" y odié mi cabellera que en nada reflejaba mis sentimientos de sábado por la noche. Entonces, pensé que era justo y necesario llevarlo “azul –ruina” igual que Clementine, pero gracias a Alá desistí de aquél cliché y sólo me quedé con las lágrimas.

Sucede que me había sumergido en una relación que fue maravillosa literalmente hasta el hastío. Luego de un tiempo creo que me transformé en la odiosa Clementine y U en Joel. Al menos eso pensé. Rememoré mi borrachera del día anterior, la que fue impulsada por los mismos sentimientos de Clementine al asistir a Lacuna Inc. Luego me vi jugando en la cama con U, les juro que ese momento, incluso hoy me cala hasta los huesos. Entonces, resonaron en mí las palabras de mi noble hermano, quien un tiempo atrás me había dicho: ¿Sabías que la etimología de recordar (re – cordis) contiene la idea de volver a pasar algo por el corazón? ¡Volver a pasar por el corazón!...Respiré profundo, pero no logré evitar lo que a esa altura me era insoportable. La película había gatillado en mí la odiosa obsesión por traer a la mente los más tiernos recuerdos de U. Los bailes que improvisábamos en solitario, sus brazos largos rodeándome con ternura, su obstinada intención por tocar guitarra, su mirada bajo las sábanas, el futuro inventado.  Pensé “por qué me enamoro del primer hombre que veo y me toma la más mínima atención”. U a esa altura me parecía un extraño, pero había posado sus ojos en mí y eso bastó para quebrarme.

Luego de esa noche veté la película de mi filmografía. Sin embargo, por culpa de este blog volví a ella, pero esta vez no lloré, sólo pude observarla desanimada. Habían desaparecidos esos sentimientos, ahora le pertenecían a otro, ese es I, y esta vez no me es posible realizar un símil entre mi historia y la película, quizás porque nunca logramos erigir una historia. Entonces intenté pensar en algo bonito que nos uniera, pero nada encontré o tal vez simplemente no quiero recordar. ¿Qué me queda?  - pensé- y exclamé en voz alta “soy una zorra vengativa”, y al igual Clementine olvidar es mi amenaza.




Amor y cabritas
Nos vemos el próximo martes.



FICHA TÉCNICA

Dirección: Michel Gondry.
País:
 USA.
Año: 2004.
Duración: 108 min.
Interpretación: Jim Carrey (Joel Barish), Kate Winslet (Clementine Kruczynski), Kirsten Dunst (Mary Svevo), Mark Ruffalo (Stan), Elijah Wood (Patrick), Tom Wilkinson (Dr. Howard Mierzwiak), Thomas Jay Ryan (Frank), Jane Adams (Carrie), David Cross (Rob), Ryan Whitney (Joel joven), Lola Daehler (Clementine joven).
Guión: Charlie Kaufman; basado en un argumento de Michel Gondry, Charlie Kaufman y Pierre Bismuth.
Producción: Steve Golin y Anthony Bregman.
Música: Jon Brion.
Fotografía:
 Ellen Kuras.
Montaje: Valdís Óskarsdóttir.
Diseño de producción: Dan Leigh.
Dirección artística: David Stein.
Vestuario: Melissa Toth.